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13 nov. 2017

¿Metil-leucina o metilleucina?


Ya es del dominio público que el español tiene una palabra que no se pronuncia como se escribe: salle (imperativo de salirle). Me da a mí que quien llegó a ello no sabía química.

Los compuestos químicos deben formar una única palabra en la que los guiones solo sirven para unir números y otros localizadores a las palabras, pero no unir palabras (aunque no es infrecuente encontrarlo así). Por tanto, el derivado metilado de la leucina (N-methyl leucine) debería ser N-metilleucina, o bien N-metil-L-leucina, o incluso el desconocido leucinato de metilo (L-leucine methyl ester) que nadie usa y que sería lo más correcto (solo cuando la leucina funciona como ácido, que no es el caso de la imagen de la izquierda) y menos problemático (no se juntan las dos «l»). Lo mismo nos ocurre con los derivados metilados de la lisina (methyllysinemetillisina). Por extensión, quien dice metilado, dice también formilado, etilado, butilado, etcétera.

Un inexperto no pronunciará metilleucina y metillisina como metil-leucina y metil-lisina: en el primer caso usaría el fonema de la «ll», pero con el guion lo hará como dos «l» independientes. Solo un experto, y no siempre, pronunciaría bien ambos casos. No existe ninguna norma del español que resuelva el problema. Así que yo propongo que sí que se incluya un guion para mantener la pronunciación correcta del mismo modo que cambiamos y → i, ph → f y un largo etcétera de adaptaciones fonéticas, o cuando se usa el artículo masculino si el sustantivo femenino empieza por a tónica (el agua, el área). Mi propuesta también permitiría escribir sal-le y pronunciarlo correctamente.

En cambio, no es el mismo caso con los derivados del lactato methyl lactate, menthyl lactateethyl lactate o butyl lactate, puesto que la traducción de estos compuestos, es lactato de metilo, lactato de mentilolactato de etilo y lactato de butilo.

5 nov. 2017

¿Por qué es el kilogramo y no el gramo una unidad básica?


Como tantas cosas, por motivos históricos y políticos, y, de rebote, por motivos científicos.

Cuando Luis XVI encomienda a un grupo de expertos (entre los que estaba Lavoisier) la elaboración de un nuevo sistema de medidas, recuperan el metro de Burattini de 1675 y proponen en 1792 como unidad de peso (que hoy sabemos que es una fuerza) el grave, que dividieron en mil partes denominadas milligrave (y que un año después se rebautizó como milligravet). Con la llegada de la Revolución Francesa no se detiene esta iniciativa y, tras años de trabajo y salvando las hostilidades francoespañolas por la guerra del Rosellón, llegan a una definición más precisa del metro. Con ella redefinen el grave (o gravet) como el peso de un cubo lleno de agua destilada que mide 0,1 m de ancho a una atmósfera de presión y 3,98 °C (vamos, lo que hoy denominamos decímetro cúbico).

A la Asamblea Nacional francesa no le gustaba el nombre de grave porque era sinónimo del abolido título de conde y eso era incompatible con los principios de la revolución. Así que el 7 de abril de 1795 decidieron traerse el término gramo derivado del griego antiguo γράμμα (grámma), que significaba letra, pero que al pasar al latín (gramma) se le añadió el significado de piedrecilla de pesar más pequeña que un peso como una metáfora de lo que representa una letra frente a un abecedario. ¿Por qué esta elección? Pues porque no solo lo rebautizaron, sino que redefinieron su valor: el gramo no pesaba un grave, sino un milligrave.

Los que tuvieron que hacer el metro-patrón y el gramo-patrón se encontraron con que, por su pequeño tamaño y valor, era muy difícil hacer un patrón fiable de gramo. Así que decidieron hacerlo de uno de sus múltiplos, el kilogramo (que equivalía al grave original). El 22 de junio de 1799 se considera que se fundó el Sistema Métrico Decimal al tener lugar el acto de custodia de estos patrones en los Archivos Nacionales.

Gracias a @ahombrosdegiga y su blog A hombros de gigantes, por la información e inspiración.