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20 dic. 2019

Ácidos nucleicos esféricos y el velcro

Sabemos que hay ácidos nucleicos monocatenarios (single stranded), bicatenarios (double stranded), ahorquillados (hairpin), circulares..., pero ¿esféricos? Pues sí. En 1996, el grupo de investigación de Chad Alexander Mirkin en la Universidad del Noroeste, en Evanston (Illinois, Estados Unidos), describió unas nanopartículas que llevaban en su superficie una densa población de oligonucleótidos monocatenarios dispuestos ortogonalmente, como púas, en algo muy parecido a un erizo de mar, o mejor aún, a un abrojo como el de la semilla de la bardana (en el que el suizo George de Mestral se inspiró para crear el velcro [yuxtaposición de los términos franceses acortados velours + crochet en metáfora a la naturaleza de las dos tiras que lo componen]).

Estos ácidos nucleicos esféricos (spherical nucleic acids) o ANE (SNAs) presentan propiedades únicas que están revolucionando el diagnóstico molecular, la regulación génica, la medicina e incluso la ciencia de los materiales. Su naturaleza «pegajosa» (como el velcro) hace que las células los capten con facilidad, donde gracias a la secuencia y disposición de los oligonucleótidos, silencian (tratamiento, regulación) o detectan (diagnóstico) la expresión de un gen. En cambio, cuando se expresa el gen destinatario, no pasará nada aunque estén dentro de la célula. De ahí que se estén realizando ensayos clínicos para usar los ANE en tratamientos dirigidos, selectivos y sin efectos secundarios.

Sí, reconozco que el nombre no les hace mucha justicia en español (ni en inglés). Quizá hubiera sido más razonable llamarlos esferas de ácidos nucleicos, pero entonces no podría haber empezado esta entrada con la frase con la que la he comenzado, puesto que todas las estructuras nucleicas se caracterizan con un adjetivo, no con un sustantivo.