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18 jun. 2020

La integridad de la integral

El símbolo de integración matemática ∫  (con diferencias entre el inglés, alemán y ruso, como se observa en la imagen adjunta) procede de la letra S latina inicial del término latino summatio (suma) que Gottfried Wilhem Leibniz  (1646-1716) había utilizado en un manuscrito de 26 de octubre de 1675 para representar las omnes lineae de Bonaventura Cavalieri (1598-1647). Cavalieri, discípulo de Galileo Galilei, es el autor del primer trabajo conocido sobre los métodos de integración de los números infinitesimales (que Cavalieri denominaba indivisibles). Consideraba que un área plana era la suma de los indivisibles, que eran las líneas que la componían (las omnes lineae). John Wallis (1616-1703) intentó convertir la visión geométrica de Cavalieri en una visión más aritmética, y le llevó, entre otras cosas, a introducir el símbolo ∞ para infinito.

El cálculo infinitesimal de Newton estaba influido por la geometría, y quizá por eso el de Leibniz, puramente algebraico, acabó imponiéndose y enseñándose (es el que hemos aprendido todos en el instituto), aunque al principio lo tacharon de plagiador de Newton. Este cálculo tiene sus dos grandes patas en las diferenciales (calculus differentialis; derivadas en la terminología de Newton) y las integrales (calculus integralis), y fue presentado por Leibniz en 1984 en un artículo en Acta Eruditorum y posteriormente desarrollado en 1686 en otra contribución en la misma revista.

20 may. 2020

Etimologías desatinadas: oxígeno, hidrógeno y nitrógeno

La etimología de oxígeno, hidrógeno y nitrógeno es tan desatinada, incluso contradictoria, que más nos vale actuar como si no existiera para preservar nuestra salud mental. Afortunadamente, muy pocos son hoy capaces de darse cuenta de que el nombre de estos elementos no se corresponde con su naturaleza. Vamos a verlo.

El físico, químico y botánico escocés Daniel Rutherford (1749-1819) había descubierto en 1772 un componente del aire que no era respirable ni conseguía mantener una combustión. Por entonces estaba de moda la teoría del flogisto, por lo que lo denominó aire flogistizado. Debido a lo inerte que era, el químico, biólogo y economista francés Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794) lo rebautizó ázoe (sin vida), de la α (a-) privativa de los griegos y de ζωή (zōḗ) → 'vida'. Los franceses lo siguen llamando azote. De aquí sale la defensa de la 'z' delante de 'e' e 'i' cuando el compuesto lleva un nitrógeno en la nomenclatura de fármacos y principios activos. Por ahora, todo bien.

Lavoisier propuso en 1787 que el aire atmosférico estaba formado principalmente por dos gases: el ázoe anterior y otro que sí era respirable (denominado aire desflogistizado por Joseph Priestley (1732-1804)) donde pueden vivir los animales, calcinarse los metales y arder los cuerpos combustibles. Esta parte respirable la renombró oxígeno, por derivación de dos vocablos griegos, ὀξύς (oxys) → 'ácido' y γενής (genós) → 'que engendra o genera', porque lo consideraba responsable de la formación de ácidos al combinarse con la mayor parte de las sustancias. Lavoisier también acuñó el término hidrógeno a partir de ὑδρός (hydrós) → 'agua' y el mismo sufijo anterior -geno para designar el elemento que pensaba que servía para generar agua.

Aquí llegan los problemas, porque poco después se comprobó que el oxígeno no generaba ácidos (de hecho, muchos ácidos no contienen oxígeno), sino que lo hacía el hidrógeno, y que el agua debe sus propiedades esencialmente al oxígeno y no al hidrógeno. Como vemos, oxígeno e hidrógeno estaban bautizados al revés, pero el uso ya estaba consagrado y, posiblemente con buen criterio, no se cambiaron los nombres.

Como nunca hay dos sin tres, la denominación oficial del ázoe se cambió a nitrógeno (del francés nitrogène) a propuesta del químico francés Jean-Antoine Claude, conde de Chaptal de Chanteloup (1756-1832) en 1790. Partió del sufijo -geno ya visto y le antepuso νίτρον (nitro-), que se venía utilizando desde antaño de forma vaga para dar nombre a diversos compuestos de sodio y de potasio, como natrón (carbonato sódico) y nitro (nitrato potásico). Tampoco fue un nombre afortunado porque hoy sabemos que el nitrógeno no tiene nada que ver con el sodio ni con el potasio.

29 abr. 2020

Riboswitch es ribointerruptor y no riborregulador

Un riboswitch es un fragmento de RNA (normalmente de un mRNA) que tiene un aptámero (aptamer) capaz de reconocer un ligando específico que suele ser un metabolito. Esto hace que la plataforma de expresión (expression platform) del RNA cambie de estructura y se modifique la cantidad detectable de la proteína que codifica este RNA. El neologismo riboswitch fue acuñado por Ron Breaker en su Nature de 2002 y, en 2016, yo era un firme defensor de que su traducción debería ser riborregulador. Hoy tengo que rectificar y proponer que la traducción más apropiada es ribointerruptor para reproducir la metáfora con los interruptores de la luz que tiene el término original. 
El motivo de esta mudanza radica en que ya se había propuesto el término riboregulator en un Nucleic Acids Research de 2001 para designar a los RNA no codificantes que tienen actividad reguladora. En otras palabras, el riboregulator sería un regulador génico de naturaleza ribonucleica, como indican los propios autores: various non-translatable, non-coding RNA transcripts are [...] lacking a protein coding capacity and it seems they exert their action [...] as a genetic regulator (riboregulator) by acting either in cis or in trans. También los llaman regulatory RNA, pero la idea de riboregulator ya está recogida hasta en la Wikipedia y explicada con detalle.

Para evitar la indeseable polisemia y conociendo cómo funcionamos los científicos a la hora de traducir neologismos, lo mejor será dejarlo como: 
  • riboregulatorriborregulador;
  • riboswitchribointerruptor.

20 abr. 2020

Del fullereno a la fullerita y las pelotas de Bucky

Se denominan en inglés fullerene los compuestos formados por átomos de carbono unidos por enlaces simples y dobles que forman anillos fusionados de 5 a 7 carbonos cuya disposición espacial es la de esfera, nanotubo, u otras. Para llegar a este nombre genérico, debemos saber que el más típico (el de la figura) está formado por 60 carbonos dispuestos en 20 hexágonos y 12 pentágonos como un balón de reglamento. Recibe el nombre de buckminsterfullerene en honor al arquitecto, diseñador, inventor y futurista estadounidense Richard Buckminster Fuller, cuyo invento más conocido son las cúpulas geodésicas (geodesic dome) a las que se parecen estos compuestos.
Este archisílabo buckminsterfullerene no tiene ningún futuro en inglés y se suele acortar como buckyball debido al apodo familiar (Bucky) por el que era conocido Fuller. Sí, yo también estaba pensando en las pelotas de Bucky.

Toda esta etimología puede parecer graciosa, pero maldita sea su estampa porque si se hubiera castellanizado con criterios fonéticos, como en football → fútbol, collagen → colágeno y allyl → alil(o), hubiéramos tenido fulereno, el término preferido por muchos expertos del idioma. Sin embargo, la RAE ha optado por la conservación ortográfica que se sigue en casos como darwiniano y freudiano, así que en 2018 admitió fullereno, a pesar de la reminiscencia que tiene con fullero. Por tanto, las risas están garantizadas cuando hablemos de la forma cristalizada de estos compuestos: fulleritefullerita. Tampoco tiene desperdicio la traducción de los buckyballs como futbolitas, con lo que tendremos futbolitas que acaban siendo fulleritas. ¡Qué gran motivo para echar de menos la neología basada en el griego y el latín!

1 abr. 2020

Hay proteínas dúctiles (sin estructura fija)

La estructura de las proteínas no es una propiedad tan homogénea o universal como se pensaba. A finales del siglo pasado se comprobó que algunas, lejos de tener una estructura definida, son flexibles y muy maleables. Abundan más de que lo imaginábamos, pues constituyen casi un tercio de las proteínas celulares. Esta plasticidad les confiere propiedades cruciales para su funcionamiento en el ciclo celular, en la señalización celular y en la regulación. Además, seguro que desempeñan una función decisiva durante la formación de los organismos multicelulares, la evolución y la adaptación a condiciones ambientales adversas.

Sin embargo, no todo son ventajas. La falta de definición en la organización estructural o el plegamiento hace que acaben agregándose y acumulándose. Esta disfunción las relaciona con enfermedades como el cáncer, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), las enfermedades cardiovasculares, la diabetes de tipo II y algunas enfermedades infecciosas.

En inglés reciben el nombre de IDP, por intrinsically disordered proteins, que no es correcto traducirlo por proteínas intrínsecamente desestructuradas ni por proteínas intrínsecamente desordenadas porque no es que carezcan de estructura, sino que no necesitan adquirir un plegamiento concreto para realizar su cometido. Me inclino por recomendar la traducción que Inmaculada Yruela Guerrero, investigadora en la Estación Experimental de Aula Dei del CSIC y experta en el tema, ha propuesto para hablar de ellas en el título de su libro: proteínas dúctiles.

No debemos confundir las proteínas dúctiles (que tienen muchas estructuras sin que varíe la secuencia) con los polimorfismos (mutaciones que cambian un aminoácido de la proteína que ocasionan cambios ligeros de la estructura). Lo digo porque lo que impide hacer vacunas duraderas contra los virus de RNA (RNA virus) como el VIH, los virus de las hepatitis A, C, D y E, el virus de la gripe y el SARS-CoV-2  (que en estos días nos mantiene en confinamiento) son los polimorfismos, no la ductilidad de sus proteínas.

10 mar. 2020

COVID-19 es femenino, queridos míos

Estamos inmersos en una pandemia causada por un virus de nombre coronavirus 2 del SRAG (SARS-CoV-2). Por tanto, es lógico citarlo como el (virus) SARS-CoV-2 o simpliciarlo a el coronavirus. Está estrechamente emparentado, como su nombre indica, con el que provoca el SRAG (síndrome respiratorio agudo grave, SARS en inglés), pero no es la misma enfermedad. Por eso, y para que pueda pronunciarse casi en cualquier idioma y no aluda a una localización geográfica específica, ni a un animal, ni a ningún grupo de personas, la OMS ha decidido el 11 de febrero de 2020 denominarla coronavirus disease 2019 y abreviarla con «CO» (coronavirus), «VI» (virus), «D» (disease) y 19 por el año del brote: COVID-19. Se traducirá como enfermedad por coronavirus de 2019. Dado que también se puede denominar (CO)rona(VI)rosis (D)e 2019, el acrónimo se puede dejar intacto, ya que cambiarlo por ECOV-2019, ECV-2019 o covi 2019 a estas alturas no va a ayudar en nada. Para nombrarla con propiedad usaremos la COVID-19, porque núcleo sintáctico principal es el sustantivo femenino disease → enfermedad.

Si todos mantuviéramos esta diferencia de género entre el virus y la enfermedad, evitaríamos que muchos llamen al virus por el nombre de la enfermedad, porque la COVID-19 está provocada por el SARS-CoV-2. La COVID-19 es una enfermedad, no un virus.

Dije que por ahora usamos COVID-19, pero sería buena idea que intentemos traducir su nombre, igual que hicimos con el AIDS → sida y el SARS → SRAG. Podemos usar la enfermedad por coronavirus de 2019 (ECOV-19), o bien la neumonía coronavírica de 2019, e incluso crear un neologismo: la coronavirosis de 2019.

PD: gracias a la Fundéu, Bertha Gutiérrez, Gustavo Silva, Álvaro Villegas y Óscar por inspirar los últimos añadidos traductoriles y ciertas correcciones.

5 feb. 2020

Transgénico y cisgénico

Inspirado por el libro Transgénicos sin miedo de @jmmulet (cuya lectura recomiendo sin ambages), puedo informaros y os informo de que el término transgénico lo usaron por primera vez Gordon y Ruddle en este artículo de Science como contrapunto a cisgénico (cambios en el genoma de una especie por alteración del DNA de la propia especie, como cambiar un gen de sitio). La frase de la página 1244 del número de diciembre de 1981 decía:

The feasibility of producing such genetically transformed mice, which we call "transgenic" mice, depends upon several factors.

Al año siguiente (1982) los autores colocaron su neologismo transgenic en el título de un trabajo. Posiblemente, la consolidación se produjera cuando otro autor (W. Petri) publicó en setiembre de ese mismo año un artículo, esta vez en Nature, con el neologismo en un sitio privilegiado: Transgenic organisms and development.

14 ene. 2020

JAK no es otra cinasa más

Las JAK son una familia de tirosina cinasas intracelulares que intervienen (y dan nombre) a la vía JAK-STAT de transducción de la señal de las citocinas (cytokines). Al no tener función receptora, se asocian a uno de los receptores membranarios de citocinas (véase la figura del final).

Su nombre procede de una gracieta en inglés, just another kinase, debido a que se encontraron en un escrutinio masivo de cinasas por PCR. Luego se renombraron como Janus kinases (cinasas Jano, mejor que cinasas de Janus o Janus cinasas) en referencia a Jano, el dios romano de las puertas, los comienzos, las transiciones y los finales. Pero no le dieron este nombre por desencadenar la vía JAK-STAT, sino por la inesperada característica de que su actividad cinasa dependía de dos dominios (véase el esquema de la derecha), que asimilaron a las dos caras de Jano.

Puesto que la K de JAK viene de kinase, no parece acertado hablar de las cinasas JAK, del mismo modo que no debemos hablar de las reacciones de PCR.


20 dic. 2019

Ácidos nucleicos esféricos y el velcro

Sabemos que hay ácidos nucleicos monocatenarios (single stranded), bicatenarios (double stranded), ahorquillados (hairpin), circulares..., pero ¿esféricos? Pues sí. En 1996, el grupo de investigación de Chad Alexander Mirkin en la Universidad del Noroeste, en Evanston (Illinois, Estados Unidos), describió unas nanopartículas que llevaban en su superficie una densa población de oligonucleótidos monocatenarios dispuestos ortogonalmente, como púas, en algo muy parecido a un erizo de mar, o mejor aún, a un abrojo como el de la semilla de la bardana (en el que el suizo George de Mestral se inspiró para crear el velcro [yuxtaposición de los términos franceses acortados velours + crochet en metáfora a la naturaleza de las dos tiras que lo componen]).

Estos ácidos nucleicos esféricos (spherical nucleic acids) o ANE (SNAs) presentan propiedades únicas que están revolucionando el diagnóstico molecular, la regulación génica, la medicina e incluso la ciencia de los materiales. Su naturaleza «pegajosa» (como el velcro) hace que las células los capten con facilidad, donde gracias a la secuencia y disposición de los oligonucleótidos, silencian (tratamiento, regulación) o detectan (diagnóstico) la expresión de un gen. En cambio, cuando se expresa el gen destinatario, no pasará nada aunque estén dentro de la célula. De ahí que se estén realizando ensayos clínicos para usar los ANE en tratamientos dirigidos, selectivos y sin efectos secundarios.

Sí, reconozco que el nombre no les hace mucha justicia en español (ni en inglés). Quizá hubiera sido más razonable llamarlos esferas de ácidos nucleicos, pero entonces no podría haber empezado esta entrada con la frase con la que la he comenzado, puesto que todas las estructuras nucleicas se caracterizan con un adjetivo, no con un sustantivo.

20 jun. 2019

Hidrolizado, pero no hidrolisado

Las palabras acabadas en -lisis (del griego ‒́λυσις → ‒́lysis), además de ser esdrújulas (aunque se admiten algunas formas llanas), significan que lo que hay en la raíz se ha roto, descompuesto, disuelto o degradado. Cuando se forma un verbo, la última s se convierte en una z a la que se añade la terminación -ar:
  • análisis → analizar
  • catálisis → catalizar
  • diálisis → dializar
  • hemodiálisis → hemodializar
  • parálisis → paralizar
  • psicoanálisis → psicoanalizar
Pero hay otro conjunto de estos términos con los que dudamos, a pesar de que siguen la misma regla:
La única excepción, que es la que provoca las dudas anteriores, es que lisis (1, 2) → lisar. También nos puede llevar a duda que en francés se mantiene la s en estos términos (hydrolyser, hémolysé, électrolyser, etc.).
Por tanto, independientemente de cómo se escriba en inglés o francés, los adjetivos derivados de estos verbos serán con z: analizado, catalizado, dializado, paralizado, psicoanalizado, electrolizado, fotolizado, hemolizado o hidrolizado. De nuevo, la excepción será lisado.