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14 jul 2021

Sinónimos cancerosos

Vamos a ver cómo usar los distintos términos que se refieren a una enfermedad 'chunga' que se caracteriza por una masa anormal de células producida por una proliferación incontrolada. Se considera benigna cuando crecen lentamente y no se propagan, mientras que los malignos tienden a infiltrarse por otros tejidos (metástasis). Aunque muchos los usen como si fueran sinónimos, en realidad no lo son, como ya ha dejado claro @navarrotradmed.

Neoplasia (neoplasm, neoplasia), término que hemos importado del francés (néoplasie) que significa «tejido de nueva formación», se utiliza para designar a toda esta familia de enfermedades. Las células de este tipo son neoplásicas (neoplastic). Las hay benignas y malignas, pero cuando va sin adjetivo, casi siempre hace referencia a las malignas.

Tumor (tumour [UK], tumor [US]), que originalmente hacía referencia a cualquier bulto o hinchazón (tumefacción, tumoración), desde el siglo XX solo se emplea para una masa sólida de células. Cuando se trate de una masa benigna (tumor benigno), sería sinónimo de neoplasia benigna. Pero el tumor maligno no es sinónimo estricto de neoplasia maligna dado que, por ejemplo, una leucemia no es un tumor al no presentar masas sólidas. Las células de estas masas, benignas o malignas, son tumorales.

Carcinoma (carcinoma, carcinomata), del griego καρκίνωμα (karkínōma), hace referencia a las neoplasias malignas que se forman en los tejidos epiteliales (la gran mayoría). Sus células son carcinomatosas.

Sarcoma (sarcoma, sarcomata) es un término que deriva del griego σάρκωμα (sárkōma → crecimiento de la carne, tumor carnoso). Son las neoplasias malignas que se forman en un tejido conjuntivo (incluido el músculo que forma la carne), como el sarcoma de Rous. Las células de este tipo son sarcomatosas.

Cáncer (cancer), una palabra de origen latino (que a su ver procedía del término griego para «cangrejo») que acuñó Hipócrates, se usa cada vez más como sinónimo de neoplasia maligna (como se señalan Navarro y la Wikipedia). Al principio solo hacía referencia a las neoplasias epiteliales y era sinónimo de carcinoma, pero hoy el carcinoma es un tipo de cáncer. Este tipo de células son cancerosas (cancerous).

Teratoma (teratoma) que hemos tomado del latín y que procedía del griego  τέρας, -ατος (téras, -atos → 'monstruo') y -oma → 'hinchazón', es un tumor de origen embrionario que se suele detectar en la edad adulta en forma de quiste. Muchos son benignos, pero los inmaduros sí que podrían ser malignos. Se consideran sinónimos cuyo uso se desaconseja disembrioma (dysembryoma), teratoblastoma, y tumor teratoide (teratoid).

Zaratán: derivado del árabe con el significado de cangrejo, empezó siendo sinónimo de cáncer y de carcinoma, para acabar haciendo referencia solo al cáncer de mama desde al menos 1739. Sin embargo, es muy poco probable que alguien utilice este precioso vocablo en nuestros días.

Los términos más populares bulto, lobanillo y quiste pueden o no referirse a un cáncer.

15 jun 2021

¿Mobiloma o moviloma?

Hace unos meses vimos que, por influencia del término 'genoma', resulta muy habitual que se añada el sufijo -oma para indicar un conjunto de elementos que conforman una entidad de interés biológico, como epigenoma, metagenoma, transcriptoma, proteoma, interactoma, viroma, etc. 

Añadamos ahora otro término que no debería suscitar dudas a un traductor, pero que los científicos no tienen tan claro. Me estoy refiriendo a mobilome, definido como el conjunto de elementos genéticos capaces de desplazarse dentro de un genoma y entre genomas. Con frecuencia, se considera que un DNA móvil es sinónimo de transposón, así que podríamos haberlo denominado transposoma. Pero esto tiene un problema: los elementos móviles (MGE: mobile genetic elements) del mobilome incluyen los transposones, y también plásmidos, virus y otros parásitos del genoma (principalmente intrones autoayustables e inteínas). Así que, para abarcar todos estos MGE, debemos usar moviloma. No tiene ningún sentido calcar el uso de la 'b' que aparece en la Wikipedia y en otras páginas por las mismas razones por las que nuestros teléfonos son móviles (y no móbiles, lo que haría referencia a muebles e inmuebles, que nada tienen que ver con la movilidad).

Quiero agradecer a @SilvanaTapia3, compañera de la UMA, su aporte para esta entrada.

2 jun 2021

Y el genoma más grande es…

En la entrada anterior quedó colgada la pregunta de si los humanos tenemos el genoma más grande del planeta Tierra. La respuesta breve es no. Veamos los motivos.

En 2021 se acaba de publicar el genoma animal secuenciado más grande hasta ahora: el del pez pulmonado Neoceratodus forsteri que tiene nada menos que 34,5 Gpb (al principio se creyó que llegaba a las 43 Gpb), con 31 120 genes, una cantidad de DNA repetitivo superior al 90 % (en los humanos es del 55%), y cuyos intrones son de media 10 veces más largos (50 kpb) que en los humanos (6 kpb). Por tanto, tiene ~10× más genoma, ~1,5× más genes con intrones ~8 veces mayores y casi el doble de DNA repetitivo. No es el único, pues hay otro pez pulmonadoProtopterus annectens, que tiene un genoma igual de inmenso, en torno a 40 Gpb. O sea, que ya se han secuenciado genomas unas 10 veces mayores que el humano.

Pero no acaba aquí la cosa, porque las plantas también nos pueden hacer enrojecer de vergüenza. Al tener un metabolismo secundario, la mayoría de los vegetales poseen más genes que un animal. Pero es que el genoma del pino y otras gimnospermas tiene 22 Gpb (7× el humano). La planta con el genoma más grande conocido hasta ahora (150 Gpb), aunque no secuenciado, es Paris japonica50× mayor que el humano.

¿Hay algo todavía más grande? Pues sí, y con esto apuñalamos del todo lo que queda de nuestro ego de ser superior: el genoma de dos amebas. Por un lado está Amoeba proteus, con 290 Gpb repartidas en 500 cromosomas, y por otro su congénere Polychaos dubium (antes conocido como Amoeba dubia) con nada menos que 670 Gpb (el más grande conocido hasta ahora). Estos megagenomas se describieron en 1968, aunque en 2004 se sugirió que quizá habría que replantearse los cálculos a la baja.

En cualquier caso, puede que tengamos una inteligencia que no tienen los seres vivos mencionados aquí, pero nuestro genoma es ridículo en comparación con el suyo.

21 may 2021

¿Es grande el genoma humano?

En otra entrada vimos el éxito de 'genoma' desde el punto de vista lingüístico. Ahora vamos a abordar otro éxito completamente diferente. 

Cuando en 1984 se empezaron a plantear si sería posible secuenciar el genoma humano, el grupo de Craig Venter ya estaba secuenciando el primer procariota (Hemophilus imfluenzae) con el que dio a conocer el sistema de secuenciación indiscriminada (shotgun sequencing), y en Europa estábamos (sí, yo puse mi grano de arena) poniendo en marcha la secuenciación del primer eucariota (la levadura Saccharomyces cerevisiae). El debate estaba en que abordar la secuenciación de nuestro genoma iba a tener un coste excesivo dadas las pocas secuencias codificantes que contenía (que se creía, inocentemente, que constituían el 10%; si llegan a saber que solo era un 1,1%, igual ni empiezan). En la imagen adjunta se puede ver lo que costó el primer genoma humano y cómo ha ido decayendo el coste con los años y los avances tecnológicos.


Tras poner en canción a un montón de grupos e investigadores, en 2001 se publicó el primer borrador y se indicó que era 25 veces más grande que cualquier otro conocido por entonces. En 2003 se publicó la secuencia de la eucromatina humana (el 92,1%). Hoy, 20 años después del primer hito, sabemos que contiene 20 437 genes que codifican proteínas (coding genes) y otros 23 988 genes no codificantes (non-coding genes), en un genoma de 3,096 Gpb que produce más de 235.000 transcritos diferentes.

Se han secuenciado cientos de genomas, desde virus a eucariotas complejos, y se ha visto que el de muchos animales y plantas oscila entre 0,4 y 0,7 Gpb (un gigapar de bases corresponde a 1 millón de pares de bases). Por tanto, nuestro genoma ya no es más que unas 10 veces mayor que el de muchos otros seres vivos. Así que de 25× en 2001 hemos pasado a un escaso 10× en 2021. O lo que es más denigrante para tantísimos homocéntricos: nuestro genoma es solo ligeramente superior al del ratón (2,72 Gpb) y tiene menos genes codificantes que una mala hierba, el arroz y, en general, que cualquier planta. Así que ¿tendremos el genoma más grande del planeta? La respuesta llegará en la próxima nanoentrada.

6 may 2021

Proteínas metamórficas, camaleónicas, o mejor metamorfas

¿Son las proteínas metamórficas producto del metamorfismo, como las rocas que llevan el mismo adjetivo? Pues no, no son más que el producto de una traducción calquista del inglés metamorphic proteins, para variar, porque realmente derivan de metamorfosis, que tampoco es exclusiva de los insectos. Y es que el  término metamórfico solo tiene asignado un significado en el ámbito de la geología en el DLE y seguramente en la mente de muchos de nosotros. Por eso, hubiera sido mucho más sensato acuñar y usar metamorfo, puesto que contamos en nuestro idioma con el sufijo -morfo para referirnos a la forma, como actinomorfo, alomorfo, zigomorfo, etc. Contamos también con otros términos más afines a este problema, como amorfo, dimorfo y polimorfo, por lo que metamorfo hubiera sido muy coherente. Por desgracia, se calca «metamófico» como adjetivo de «metamorfosis» en los contextos no geológicos, y me estoy temiendo que va a ocurrir lo mismo que con «hidrófobo», con el que la presión del inglés ha hecho que la RAE acepte el calco hidrofóbico. Ya falta poco para hibridizarnos del todo.

Una vez terminadas las disquisiciones lingüísticas, ¿qué son esas proteínas metamorfas (o metamóficas)? La teoría del plegamiento de las proteínas (protein folding) ya quedó establecida en 1973 por Anfinsen, con la idea de que una proteína solo adquiere una estructura tridimensional funcional. Pero 10 años después ya se empezaban a encontrar secuencias de aminoácidos que eran capaces de alternar entre dos plegamientos que le daban dos funciones distintas, como la RfaH de la imagen. En 1996 se reunieron bajo la denominación secuencias camaleónicas (chameleon sequences) todas las cadenas de aminoácidos capaces de adoptar más de una estructura de manera intercambiable (no como la β-amiloide del alzhéimer o la Prp de los priones, que cambian irreversiblemente). Con frecuencia, secuencia camaleónica, proteína metamórfica, y el híbrido proteína camaleónica se usan como si fueran sinónimos. Pero, como hemos indicado, el primero (secuencia camaleónica) hace referencia a la secuencia de aminoácidos, mientras que «proteína metamorfa» debería reservarse para la estructura adquirida, porque una secuencia camaleónica producirá al menos dos proteínas metamorfasSeguimos sin tener claro por qué existen este tipo de proteínas.

Quiero agradecer a los compañeros de @Tremedica el debate que me ayudó a conformar esta entrada.

21 abr 2021

El esfuerzo titánico de transcribir algunos genes

TTN es el símbolo oficial del gen cuyo gigantesco marco de lectura de 281 435 pares de bases (pb) contiene nada menos que 365 exones en los humanos. Se transcribe en un monumental mRNA de 109 224 nucleótidos (una vez maduro) que codifican una enorme proteína de 35 991 aminoácidos, que pesará algo más de 3 994 kDa, y que mide nada menos que de 1 a 2 μm. Este coloso proteico se encuentra principalmente en el músculo para darle estructura, flexibilidad y estabilidad, y recibe el nombre de titina (titin) por el dios griego Titán

Nos hallamos, pues, ante el gen más largo (281 kpb) de los humanos (y de las otras especies que lo contienen), que se transcribe durante nada menos que de 1 a 4,5 horas (según la polimerasa avance a 1 kb/min o a 6 kb/min) para dar el mRNA más largo conocido (109 kb), que codifica la proteína más grande (~4 MDa) identificada hasta ahora en cualquier especie. Estas marcas tienen un coste: inestabilidad y vida media breve (tan solo 30 horas). No es de extrañar que se le conozcan más de 14 000 variantes alélicas, muchas de las cuales provocan enfermedades, sobre todo cardiopatías. El tremendo número de exones de TTN (365) es fuente de ayuste alternativo (alternative splicing), pero 'solo' genera 13 isoformas de mRNA en los distintos tejidos musculares, que se traducen en proteínas de distinta longitud (entre 5 604 y 35 991 aminoácidos). Todo un rompecabezas.


Contra todo pronóstico, hay genes con más variantes de ayuste (isoformas) que TTN. El premio se lo lleva la molécula de adhesión celular codificada por el gen DSCAM de Drosophila de 63 976 pb con 115 exones. Se transcribe en menos de 10 minutos para dar un mRNA maduro de 'solo' 7,7 kb que codifica una 'proteinilla' de algo más de 2 kDa. Gracias a las alternativas que presenta para 4 de los exones (como se muestra en la figura: 12 × 48 × 33 × 2 = 38 016), es capaz de sintetizar nada menos que ¡38 016 isoformas distintas! Todavía no se han detectado todas.


13 abr 2021

Las capas del fruto ¿acaban en -carpo o en -carpio?

Las partes del fruto son las que aparecen en la figura adjunta, donde destaca el pericarpio, que se divide en endo-, meso- y epicarpio. Pero estos términos también los podemos hallar terminados en -carpo. ¿Qué es lo correcto?

Empecemos por la mano humana, que se divide en carpo, metacarpo y dedos (o falanges), como se ve en la otra imagen. Carpo procede del griego καρπόςkarpós con el significado de 'muñeca' al menos desde la época de Homero. El término metacarpo procede del mismo lexema, pero es posterior (siglo II), con lo que llegó del latín medieval metacarpu(m) como evolución del término original metacarpiu(m). Por eso ninguno lleva la 'i' entre la 'p' y la 'o'. En cambio, cuando formamos un adjetivo sí que la incorporan: huesos carpianosmetacarpianos.

Volviendo a las partes del fruto, el término pericarpio fue el primero en acuñarse, pero mucho más tardío (al menos del siglo XVI) que los huesos de la mano. Viene del  latín científico renacentista pericarpium, y este del griego περικάρπιον → perikárpion, por lo que lleva la 'i' seguramente por no haberle dado tiempo a perderla. Las otras partes del fruto (endocarpio, epicarpio, mesocarpio), así como esporocarpio e incluso sarcocarpio se formaron posteriormente a imitación de pericapio/pericarpium/perikárpion, con diferente prefijo griego yuxtapuesto al lexema καρπός → karpós (esta vez con el significado de 'fruto', no de 'muñeca'). Por eso mismo deben ir también con 'i' en español. En cambio, es curioso que al formar adjetivos ahora pierdan dicha 'i': acarpo (apocarpous), carpófagogimnocarpo...

No obstante, entre el carpo y la influencia que tuvo siempre en la ciencia española el francés (en el que las partes del fruto acaban en -carpe: péricarpe, endocarpe, épicarpe, sarcocarpe), y que en inglés todos acaban en -carp, seguimos topándonos con pericarpo, mesocarpo, epicarpo, sarcocarpo y, sobre todo, esporocarpo.

31 mar 2021

Virus más grandes que las bacterias

El micoorganismo más pequeño de vida libre es la arquea Nanoarchaeum equitans, descubierto en 2002, con un diámetro de 0,4 µm donde alberga un genoma de 490 885 pb con 552 genes. Su descubrimiento desalojó del trono a Mycoplasma genitalium, una bacteria parasitaria que mide de 0,3 a 0,5 µm para alojar un genoma de 580 076 pb que codifica 521 genes y tan solo 36 tRNA. En 2006 subió un nuevo microorganismo a lo más alto del pódio: la proteobacteria endosimbionte Carsonella ruddii con un genoma circular aún más pequeño, de 159 662 pb en el que se solapan unos 182 genes. Pero en 2020 tenemos un nuevo ganador: Hodgkinia cicadicola, con un genoma ligeramente menor de 143 795 pb que codifica 169 genes y que ha patentado el Craig Venter Institute.

A pesar de que creamos que los virus son más pequeños que las células, la familia Mimiviridae (donde mimi- viene del inglés mimicking microbe) son más grandes que todo lo anterior, como se aprecia en la infografía adjunta: la cápsida ya mide 0,5 µm (como una célula de Nanoarchaeum equitans) y, añadidas las envueltas y las proteínas superficiales, llegan a los 0,75 µm. Así que son visibles al microscopio óptico. El genoma es de DNA bicatenario con nada menos que 1,2 Mpb donde se han encontrado por ahora 1200 genes (entre 2 y 10 veces más que los microorganismos antes mencionados). Estos virus se descubrieron en 1992 dentro de las amebas y se creía que eran cocos (bacterias), eso sí, un poco raros. Hubo que esperar a 2003 para que se demostrara que realmente eran virus y no bacterias (no codificaban RNA ribosómicos). 

En 2013 se descubrieron los pandoravirus en Chile y Australia, que alcanzan los 2,8 Mpb y 2556 genes. La ICTV está viendo cómo clasificarlos, porque no parece que tengan nada en común con los mimivirus. Para rizar el rizo, en 2014 resucitaron del hielo un tercer 'tiranosauriovirus': el Pithovirus sibericum que mide nada menos que 1,5 µm, aunque su genoma ya no es tan espectacular: 'solo' tiene unas 0,61 Mpb que codifican unos 'miserables' 467 genes. Por el aspecto, los Pithovirus se parecen a los pandoravirus, pero el genoma es más cercano al de un mimivirus.


En plan anecdótico, tenemos unos mimivirus de ecosistemas acuáticos entre los que llama la atención el género Cafeteriavirus. No son virus de las cafeterías ni de los bares, sino que infectan al bacterióvoro marino Cafetería roenbergensis.

Y para terminar, quiero agradecer al libro Virus y pandemias (2020) de Ignacio López-Goñi (@microBIOblog) que me invitara a saber más qué son estos monstruos víricos, entre los que seguimos encontrando más nombres demenciales como los que comenté hace poco.

18 mar 2021

Los éxitos de genoma

Quién le iba a decir a Wilhelm Ludvig Johannsen, fisiólogo, botánico y genético danés, acuñador de términos duraderos como son biotipo y fenotipo, que en 1909 iba a proponer en alemán un exitoso neologismo para la unidad de información hereditaria: gen. Lo construyó a partir del lexema γενής (genós → 'raza', 'origen', 'nacimiento') que también se podía usar como prefijo γεν- (gen- → 'que genera', 'dar a luz'). El propio Johannsen empezó a acuñar neologismos derivados de él, como genotipo. Hoy ya damos por hecho que cualquier término que empiece por gen/geno tiene que ver con genes y genomas, e incluso con genética.

Como los caminos etimológicos son incontrolables, poco después, en 1920, el botánico alemán Hans Winkler propuso genom ('genoma') para designar lo que conocemos como el conjunto total de genes presentes en una célula. Este neologismo probablemente surgió de la contracción de 'gen' y 'cromosoma', sin tener en cuenta que el segundo término contenía el sufijo σῶμα (sôma → 'corpúsculo celular'), que pasó automágicamente a ser ωμα (ōma → 'estructura biológica', 'conjunto'). Un siglo después, este sufijo se usa para referirnos a conjuntos de objetos de estudio en una célula u organismo. Tenemos así epigenoma (conjunto de marcas epigenéticas del genoma), metagenoma (conjunto de genomas de una comunidad de microorganismos), transcriptoma (conjunto de transcritos), proteoma (conjunto de proteínas), exoma (conjunto de exones), metaboloma (conjunto de metabolitos), microbioma (conjunto de microorganismos, no lo confundas con 'metagenoma'), secretoma (conjunto de sustancias secretadas), interactoma (conjunto de interacciones), miRNoma (conjunto de miRNA), y así un cada vez más largo etcétera. Todo esto se ha acuñado en inglés, pero se traduce sin problema.

Sí que nos ponen en un aprieto los que se han acuñado con raíces del inglés en lugar de las grecolatinas, como diseasome para referirse al conjunto de enfermedades, para el que disisoma o diseasoma no parecen muy apropiados. Mejor sería el híbrido enfermedoma e incluso patoma y morbidoma, pero descartaría los aparentemente válidos 'nososoma’ o ‘morbosoma' porque hacen pensar que el sufijo formante es -soma y nos llevaría a un significado muy distinto (como la sutil diferencia entre sicología y psicología).

Y todavía hay más: la ciencia que estudia cada uno de los conjuntos (-omas) antes mencionados se obtiene con el sufijo -omics → '-ómica', con lo que tenemos genómica, epigenómica, metagenómica, transcriptómica, proteómica, metabolómica, interactómica, secretómica, etc., que reciben en conjunto el nombre de ómicas. Tan exitosa forma de fabricar neologismos científicos ha traspasado sus fronteras, y nos encontramos con que existe la culturómica (culturomics) como la aplicación del tratamiento masivo de datos para el estudio de la cultura humana en función del comportamiento histórico o cultural. A mí me ha recordado la piscohistoria de Asimov.

Todo esto no es más que un aperitivo de lo que puedes encontrar en el libro Terminología, neología y traducción recién editado por Comares.

8 mar 2021

Vacunas contra enfermedades, pero anticuerpos contra epítopos, antígenos o patógenos

Cuando Edward Jenner ideó la primera vacuna en 1796 contra la viruela, ni se conocía lo que causaba la enfermedad ni se sabía por qué la vacuna nos protegía de la viruela. Hoy sabemos que contenía el virus de la viruela de las vacas, si bien los datos actuales apuntan a que la linfa de Beaugency que se utilizó para producir la vacuna a gran escala por todo el mundo realmente contenía el virus de la viruela del caballo, por lo que sería mejor que habláramos, como sugiere @microBioblogde equinación en lugar de vacunación. Eso la convierte en el perfecto caso que demuestra que las vacunas nos protegen de una enfermedad, independientemente del antígeno que se use para vacunar. Y eso que, desde los comienzos del siglo XIX, no dejan de aparecer ejércitos de antivacunas esgrimiendo argumentos llenos de mentiras, pero no es de eso de lo que quería a hablar.

La primera idea que se deduce de lo anterior es que las vacunas son contra las enfermedades. También se pueden nombrar con el prefijo anti- yuxtapuesto a un adjetivo derivado de la enfermedad (antigripal pero no antigripe, antirrábica en vez de antirrabia, antiherpética y no antiherpesantipoliomielítica, pero no antipolio). En la página de vacunas de Medline Plus encontraréis algunos ejemplos. Eso sí, las vacunas nunca son contra el antígeno.

La segunda es que, como parte de la respuesta inmunitaria (immune response), los anticuerpos actúan contra los epítopos de los antígenos que llevan los patógenos (estén o no formulados como vacunas). Al igual que estas, también se pueden nombrar por yuxtaposición del prefijo anti- a un adjetivo derivado del antígeno (antimurínico y no antirratón, antiglucoproteínico y no antiglucoproteína). En ningún caso debe decirse anticuerpo de ni anticuerpo para (antibody to). Finalmente, los anticuerpos nunca son contra la enfermedad.

Así pues, las vacunas contra la enfermedad denominada COVID-19 provocan la aparición de anticuerpos contra el antígeno del coronavirus causante (anticoronavícos), o más en concreto, contra la proteína de la espícula (antiespiculares). Por tanto, tendremos:

  • Vacuna contra la COVID-19, pero no contra el coronavirus.
  • Vacuna anticovídica, pero no anticoronavírica y mucho menos anticoronavirus.
  • Anticuerpos contra el coronavirus, o contra el SARS-CoV-2 o contra la proteína S, pero nunca contra la COVID-19.
  • Anticuerpos anticoronavíricos, pero no anticovídicos ni anticovid ni anti-COVID-19.
El sarampión está provocado por un paramixovirus del género Morbillivirus. La vacuna contra el sarampión utiliza el virus atenuado para protegernos al generar anticuerpos contra las glucoproteínas H y F de su superficie.

La gripe (enfermedad) está provocada por el virus de la gripe o influenzavirus, de la familia de los ortomixovirus. La vacuna contra la gripe (o antigripal) induce anticuerpos contra las glucoproteínas H y N que aparecen en la superficie de estos virus.

Y así con todas las vacunas y todos los anticuerpos que existen, sean naturales o biotecnológicos.

22 feb 2021

¿Son los arbovirus los virus de los árboles? ¿Y los robovirus?

A partir de hoy espero que entendáis que los arbovirus no son los virus de los árboles. La palabra tiene una etimología de lo más demencial que solo se le puede ocurrir, en mi humilde opinión, a alguien que solo sabe hablar inglés y piensa en el planeta solo existe su idioma. Se trata de la denominación informal de un grupo de virus que se transmiten a través de artrópodos (entre los que están los insectos). ¿Y por qué no los llamaron atropovirus? Pues porque decidieron incluir el mensaje en inglés arthropod-borne virus (virus portados por atrópodos). 

Ya habréis intuido que los robovirus no son los virus que has robado, ni tampoco de los robot, a no ser que hablemos de virus informáticos. Pero no: se trata de virus que se transmiten a través de los roedores (rodent borne virus). Ya puestos, hay quien junta los arbovirus y los robovirus en un solo nombre: arborobovirus, que no son los virus que se roban a los árboles, no.

Un caso similar encontramos con los tibovirus, que no son virus de los tibores, ni de los tiburones, ni del Tibidabo, ni virus atiborrados, sino otra ocurrencia: tick-borne virus, o sea, virus portados por garrapatas.

No hace falta recurrir a los nombres informales para que nos vuelvan loco. Entre los oficiales de los arbovirus encontramos apelaciones que sugieren que su autor no asistió a las clases de neología. Por ejemplo:

  • Los reovirus no son virus de los reclusos ni de las corrientes, porque reo- no se refiere al latín reus ni al griego ῥέος (réos → corriente), sino al acrónimo de respiratory enteric orphan virus, o sea, que son virus huérfanos (sin relación con ninguna enfermedad, aunque ya sí) de las vías respiratorias y del intestino.
  • Para nota es la familia Asfarviridae, porque no son virus tan lejanos (as far), sino los virus de la peste porcina africana y otros relacionados (African swine fever and related viruses).
  • Por tanto, ya es más fácil imaginar que los pestivirus no son virus que huelen mal ni provocan efluvios desagradables en los infectados, sino que reúnen, entre otros, al virus de la peste porcina y otras pestes animales.

Otras familias del grupo tienen etimologías más pensadas pero igual de chocantes para un hispanohablante. Por ejemplo: 

  • La familia Togaviridae (los togavirustampoco son los virus de las togas de los letrados. No obstante, sí que deriva del prefijo latino toga-, pero en el sentido de que son virus con envuelta o «capa».
  • La familia Flaviviridae toma su nombre del latín flavus (amarillo, como en flavonoide) porque entre ellos está el virus causante de la fiebre amarilla.
Para esta entrada, quiero agradecer la inspiración del libro Virus y pandemias (2020) de Ignacio López-Goñi (@microBIOblog) cuya lectura y cuenta de Twitter os recomiendo a todos.

8 feb 2021

No todo son enfermedades

Gracias a los síntomas y los signos (no, no son términos sinónimos), el médico conseguirá diagnosticar una... ¿enfermedad, afección, dolencia, achaque? Vamos a aclarar esto un poco con respecto a los términos que usamos en inglés y español. Pero ya advierto que esto no es una regla unívoca, y que San Contexto y las costumbres nos aportan excepciones para todo.

Symptom, como claramente explica Nuria Viver, es una manifestación patológica subjetiva que sufre un enfermo, por ejemplo, el dolor, el cansancio, las náuseas, la visión borrosa, etc. Es algo que el médico no puede ver. En español usamos síntoma, con lo que no hay problema.

Sign es una manifestación objetiva, como una erupción cutánea, la fiebre o la hinchazón. Es algo que el médico puede detectar aunque no se lo refiera el paciente. Como lo llamamos signo, tampoco es confuso, salvo que confundamos los signos con los síntomas y viceversa, que de todo hay.

Hay casos, como en la COVID-19, en los que no es fácil distinguir un síntoma persistente de una secuela (aftereffects o sequelae), definida como alteración funcional u orgánica duradera o permanente de una lesión o como consecuencia de una enfermedad, un traumatismo o una agresión quirúrgica.

En español tenemos un solo término claro para enfermedad, pero en inglés tienen algunos matices más, como nos contaba Emma Goldsmith recientemente. Vamos a ver qué términos se ajustarían mejor para desambiguar la traducción de manera genérica cuando nos los encontremos en el mismo texto.

Disease es la alteración de una norma biológica objetivable por el médico (la puede ver, tocar, medir, oler...) en la que se pueden determinar signos, síntomas y estructuras o funciones afectadas. Sería el caso, por ejemplo, de una infección o un cáncer. Deberíamos reservar el término enfermedad para traducir disease.

Illness es la experiencia subjetiva del paciente con respecto a su mala salud, sin que a veces pueda diagnosticársele ninguna enfermedad. Podríamos llamarlo padecimiento o dolencia para resaltar la dimensión subjetiva y singular. No obstante, @navarrotradmed nos ilustra en su diccionario muchos casos específicos en los que sí debe traducirse por enfermedad (ya empezamos con las excepciones).

Sickness es la dimensión social, la realidad sociocultural, de enfermar, es decir, lo que otros (desde los familiares hasta el seguro médico) ven del enfermo. Las posibles traducciones genéricas serían mal, o problema de salud, o incluso achaque. Hay que tener cuidado porque en ciertos contextos significa náuseas o vómitos. Para colmo de males, en El Colorao también contiene casos en los que se acaba traduciendo por enfermedad.

Condition: aunque algunos defiendan que es sinónimo de disease, realmente hace referencia tanto a un problema de salud que no tiene que ser patológico ni tampoco requerir una cura (como el embarazo o el prognatismo), por lo que no es una enfermedad. Para no confundirlo con los anteriores, además de huir del calco condición, lo mejor es utilizar afección (cuando es patológico) y estado (cuando no lo es, como el embarazo). También pueden ajustarse en función del contexto alteración, indisposición, e incluso proceso o cuadro clínico.

Disorder: se emplea para los casos en los que lo único que está claro es la función afectada. Debemos traducirlo por trastorno, y nunca por desorden. Seguro que muchos traductores ya lo sabíais, pero leed los periódicos o ved películas y encontraréis mucha gente ordenada con desórdenes de conducta.

Syndrom: se trata de una situación negativa caracterizada por un conjunto de signos o síntomas característico de una... enfermedad, estado o entidad fisiopatológica (Navarro dixit), común a diversas enfermedades, o cuya causa se desconoce. La traducción no deja dudas: síndrome. Lo que deja dudas es el uso erróneo de ella que a veces hacen algunos profesionales al considerarla sinónimo de los términos anteriores. A eso se une que, a medida que se avanzan las investigaciones, muchos síndromes se rebautizan como enfermedades cuando se descubre su causa, lo que añade más leña al fuego (los casos más conocidos son el síndrome de Down y el sida, que ya se sabe que son enfermedades y no síndromes, aunque no se les cambie el nombre).

Gracias a Trans litteras por la inspiración, al diccionario de Fernando Navarro (@navarrotradmed) en @cosnautas, y al Diccionario de Términos Médicos.